El rey sometido en su propia sala
Théoden gobernaba Rohan desde Meduseld, el gran salón real de Edoras, pero durante los últimos años de su reinado, el monarca había quedado sometido al hechizo y la influencia de Saruman, que actuaba a través de Gríma Lengua de Serpiente, por ello, mientras el anciano aparecía envejecido y debilitado, su consejero controlaba cada vez más los asuntos de la corte.
Cuando Gandalf llegó a Edoras se enfrentó directamente a Gríma y rompió el dominio que mantenía sobre el soberano, logrando un cambio inmediato en este, pues Théoden recuperó su fuerza, su voluntad y su capacidad para decidir.
Ante los ojos de quienes se encontraban en Meduseld, el hombre sometido por aquella influencia volvió a comportarse como gobernante y una de sus primeras preocupaciones fue disponer de nuevo de sus armas y prepararse para la guerra que se acercaba.

El arma escondida por Gríma
Entre las pertenencias del monarca se encontraba Herugrim, su espada personal, la cual pronto descubrió que permanecía en poder de Gríma, quien la había escondido dentro de un cofre durante el periodo en que ejercía su control sobre la corte.
Théoden ordenó a Háma que la buscara y él abrió el escondite y encontró allí la pieza junto con otros objetos que habían quedado bajo la custodia del consejero. Este momento debió de resultar especialmente significativo para el soberano que, después de haber permanecido sometido durante tanto tiempo, volvía a tener delante una preciada posesión que había sido apartada de su lado, la espada que le había acompañado durante su reinado y que simbolizaba la autoridad que ejercía sobre el pueblo de Rohan.
Así, dos grandes acontecimientos se sucedieron: Gandalf había roto el hechizo y, casi inmediatamente, Herugrim regresaba a su legítimo propietario.
Una pieza digna de un rey
Herugrim era una hoja larga, guardada en una vaina adornada con oro y piedras verdes, que aportan un rastro distintivo. En general, esta espada poseía un aspecto que correspondía al rango de quien la portaba y encajaba con la tradición guerrera de los monarcas de Rohan, pues el conjunto unía la elegancia propia de un objeto perteneciente a la casa reeal, con la apariencia de una herramienta preparada para el combate.
El nombre procede del inglés antiguo y significa aproximadamente «espada feroz», denominación que encaja con un arma destinada a acompañar a un gobernante durante sus campañas.

De nuevo junto al monarca
Con Herugrim nuevamente a su lado, Théoden comenzó a ejercer sus responsabilidades. Para ese entonces, la amenaza de Saruman había alcanzado Rohan y el ejército de Isengard se preparaba para atacar, así que el monarca abandonó Edoras y se puso al frente de sus hombres.
La espada viajó con él durante la campaña que llevó a los Rohirrim hasta el Abismo de Helm, donde defendieron la fortaleza frente a las fuerzas de Isengard y la posterior victoria permitió continuar la lucha.
Poco después llegaron noticias de la amenaza que sufría Gondor y Théoden decidió acudir con sus jinetes en ayuda de la ciudad. En los Campos del Pelennor, el soberano condujo personalmente a los Rohirrim contra el ejército de Mordor y golpeó con enorme fuerza a las tropas enemigas y permitiendo a los hombres avanzar por el campo de batalla.
El rey combatió junto a sus guerreros hasta que su caballo cayó bajo el ataque de una criatura alada y Théoden quedó mortalmente herido, falleciendo poco después, acompañado por Éowyn.
Tras el enfrentamiento, su cuerpo fue trasladado a Edoras, donde recibió sepultura junto a los antiguos monarcas de Rohan.

Una historia ligada al destino de Théoden
El recorrido de Herugrim quedó unido a los últimos años del reinado de Théoden y se mantuvo ligado al destino de su rey, pues permaneció escondida mientras su propietario sufría el dominio de Saruman y Gríma, volviendo a su poder cuando Gandalf consiguió liberarlo, y desde entonces acompañó al gobernante durante la guerra y estuvo presente en sus principales campañas hasta el enfrentamiento que acabó con su vida.
Su historia conserva un detalle especialmente poderoso: el regreso de aquella posesión coincidió con el despertar del propio monarca cuando, después de un largo periodo bajo una influencia ajena, Théoden volvió a decidir por sí mismo, recuperó su posición y marchó hacia la guerra con el arma que había pertenecido a los reyes de su casa.


















