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España ante el mundo: expansión, exploración y evangelización

España transformó su posición en el mundo entre los siglos XV y XVI.

Desde el Tratado de Alcáçovas y los viajes de Colón hasta la expedición de Magallanes y Elcano, la expansión española conectó Europa, América y Asia, y a esta dimensión territorial se sumó la evangelización, impulsada por órdenes religiosas como la Compañía de Jesús, aprobada en 1540.

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    De las costas atlánticas a la vuelta al mundo

    En apenas seis décadas, los acontecimientos vinculados a Castilla y después a la Monarquía Hispánica cambiaron radicalmente la posición de los territorios españoles en el mundo.

    El proceso comenzó con acuerdos que delimitaban las zonas de expansión atlántica y continuó con expediciones que llevaron a los navegantes españoles hasta América, el Pacífico y las islas de las Especias.

    El 4 de septiembre de 1479, el Tratado de Alcáçovas puso fin a la guerra de sucesión castellana entre Isabel de Castilla y sus partidarios, y Alfonso V de Portugal. El acuerdo también estableció una distribución de las áreas de expansión atlántica entre Castilla y Portugal, donde Castilla conservó las islas Canarias, mientras Portugal mantuvo sus derechos sobre otros territorios y rutas africanas. Aquel reparto sería especialmente importante cuando, pocos años después, los castellanos comenzaran a explorar nuevos espacios al otro lado del Atlántico.

    El siguiente gran salto llegó con Cristóbal Colón que, el 24 de septiembre de 1493, partió de Cádiz al frente de una gran expedición para continuar la exploración iniciada en su primer viaje.

    Esta vez la empresa tenía una dimensión mucho mayor: junto a los navegantes viajaban colonos, soldados, artesanos y religiosos. La expedición llevó a cabo nuevas exploraciones por el Caribe y puso en marcha un proceso de ocupación y colonización que cambiaría para siempre la relación entre Europa y América.

    División del Tratado de Alcáçovas

    El mundo conocido parecía hacerse mucho más grande

    El 20 de septiembre de 1519, Fernando de Magallanes partió de Sanlúcar de Barrameda al frente de una expedición financiada por la Corona española. Su objetivo era encontrar una ruta occidental hacia las islas de las Especias, en el sudeste asiático.

    La expedición atravesó el Atlántico, encontró el paso que hoy conocemos como estrecho de Magallanes y se convirtió en la primera expedición europea en cruzar el océano Pacífico.

    Magallanes murió en Filipinas en 1521, pero la expedición continuó bajo otros mandos.

    El 6 de septiembre de 1522, la nao Victoria regresó a Sanlúcar de Barrameda con Juan Sebastián Elcano al frente y dieciocho supervivientes. Habían completado la primera circunnavegación de la Tierra.

    Dos días después, el 8 de septiembre, la Victoria llegó a Sevilla, donde terminó oficialmente aquella extraordinaria travesía.

    El viaje había demostrado con hechos la dimensión planetaria de las rutas marítimas y había conectado directamente los intereses de la Corona española con espacios situados a miles de kilómetros de Europa: América ya no era el único escenario de la expansión, el Pacífico y Asia entraban también en el horizonte español.

    Ilustración de Fernando de Magallanes

    La expansión tuvo además una dimensión religiosa

    El 27 de septiembre de 1540, el papa Paulo III aprobó oficialmente la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola.

    Los jesuitas desempeñarían posteriormente un papel destacado en la evangelización y en la educación dentro de los territorios de la Monarquía Hispánica y en otras partes del mundo.

    Entre 1479 y 1540, Castilla y la Monarquía Hispánica pasaron de disputar espacios en el Atlántico a participar en una red de territorios y rutas que conectaba Europa, América y Asia. Las exploraciones, la colonización y la evangelización acompañaron una expansión que situó a España ante un escenario completamente nuevo: un mundo mucho más amplio, conectado por las rutas marítimas y abierto a la presencia de la Corona española.