Cleopatra, Roma y el nacimiento de un nuevo mundo
En agosto del año 30 a. C., dos acontecimientos cambiaron para siempre la historia del Mediterráneo: la entrada de Octavio en Alejandría tras derrotar a Marco Antonio y Cleopatra y, pocos días después, la muerte de la última reina de la dinastía ptolemaica.
Aquellos hechos no fueron solo el final de una lucha por el poder, sino el cierre de una época iniciada siglos antes con Alejandro Magno y el comienzo de un nuevo mundo dominado por Roma.
Alejandro Magno y el nacimiento del Egipto de Cleopatra
En el siglo IV a. C., Alejandro Magno creó uno de los mayores imperios de la Antigüedad, extendiendo la cultura griega desde Grecia hasta Egipto y Oriente.
Tras su muerte en el año 323 a. C., sus generales se repartieron sus territorios y crearon nuevos reinos.
Uno de ellos, Ptolomeo, tomó el control de Egipto y fundó la dinastía ptolemaica, una familia de origen macedonio que gobernó el país durante casi tres siglos desde Alejandría.
Bajo su dominio, Egipto mantuvo su riqueza y su importancia en el Mediterráneo, convirtiendo Alejandría en un gran centro comercial y cultural.
Muchos años después, una de sus descendientes, Cleopatra VII, se convertiría en la última reina de esta dinastía.

Cleopatra y Marco Antonio frente al poder de Roma
Cuando Cleopatra llegó al trono, Egipto seguía siendo un reino rico e importante, pero Roma ya se había convertido en la gran potencia del Mediterráneo.
La reina egipcia era una gobernante inteligente que intentaba conservar la independencia de su país frente al creciente poder romano.
Mientras tanto, Roma atravesaba una crisis política tras el asesinato de Julio César en el año 44 a. C.
En esa lucha por el poder destacaban Octavio y Marco Antonio, antiguos aliados que terminaron enfrentándose.
Marco Antonio, que dominaba los territorios orientales de Roma, se unió a Cleopatra en una alianza política y personal para crear un bloque capaz de frenar a Octavio. Sin embargo, este consideró esa unión como una amenaza para Roma y logró enfrentarse a ellos con el apoyo de gran parte del mundo romano.
La derrota de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Accio, en el año 31 a. C., dejó el destino de Egipto prácticamente decidido.

El día que Octavio tomó Alejandría
Después de la victoria en Accio los romanos avanzaron hacia Egipto con sus tropas.
Su objetivo era acabar definitivamente con la resistencia de Marco Antonio y Cleopatra y hacerse con el control de uno de los territorios más ricos del mundo antiguo.
El 1 de agosto del año 30 a. C., Octavio entró en Alejandría, la gran capital egipcia.
La ciudad no era solamente un lugar importante por su belleza o por sus monumentos; era el corazón económico y cultural de Egipto.
Para Roma, esta conquista tenía un valor enorme.
Egipto aportaba riqueza, tierras fértiles y una producción de trigo fundamental para alimentar a la población romana.
Con esta victoria, Octavio aumentó todavía más su poder.
La muerte de Cleopatra y el final de una época
Tras la llegada de Octavio a Alejandría, Marco Antonio y Cleopatra quedaron sin posibilidad de victoria.
Marco Antonio, al creer por error que Cleopatra había muerto, se quitó la vida.
La reina, sola frente al poder romano y sabiendo que sería llevada a Roma como prisionera, murió el 12 de agosto del año 30 a. C.
Las fuentes antiguas cuentan que utilizó una serpiente venenosa para acabar con su vida, aunque los historiadores consideran también otras posibilidades.
Con ella desaparecía la última reina ptolemaica y terminaba una tradición de gobierno independiente que había nacido después de la muerte de Alejandro Magno.

Dos días de agosto que cambiaron la historia
Los días 1 y 12 de agosto del año 30 a. C. marcaron el comienzo de una nueva etapa en la historia del Mediterráneo.
Egipto pasó a formar parte del dominio romano y sus riquezas quedaron bajo el control de Roma.
Octavio se convirtió en el hombre más poderoso de la República y poco después, con el nombre de Augusto, inició el Imperio romano.
Desde entonces, Roma pasó a dominar gran parte del Mediterráneo y los antiguos reinos nacidos tras las conquistas de Alejandro Magno desaparecieron.
La historia recuerda a Cleopatra como una reina fascinante, pero su caída representa algo mucho mayor: el final de una época y el nacimiento de otra en la que Roma dominaría durante siglos las tierras del Mediterráneo.








