De Venecia al corazón del Imperio mongol
En septiembre de 1271, un joven veneciano llamado Marco Polo emprendió junto a su padre, Niccolò, y su tío Maffeo un viaje que terminaría llevándolos hasta uno de los lugares más poderosos y desconocidos para los europeos de su tiempo: la corte de Kublai Kan, gran gobernante del Imperio mongol.
Marco tenía unos 17 años cuando comenzó aquella aventura. Su padre y su tío ya habían viajado anteriormente por Asia y habían llegado hasta la corte de Kublai Kan, pero cuando regresaron a Venecia, el poderoso gobernante mongol les pidió que volvieran y llevaran consigo hombres instruidos y representantes de la Iglesia. Entonces, los dos hermanos emprendieron de nuevo el camino y, esta vez, Marco se unió a ellos.
La expedición salió de Venecia y avanzó por tierra hacia Oriente, atravesando regiones que hoy pertenecen a Turquía, Irán, Asia Central y China, siguiendo una compleja red de rutas comerciales que siglos después recibiría el nombre de Ruta de la Seda.
El trayecto estaba muy lejos de ser un simple recorrido entre ciudades: había enormes distancias, desiertos, montañas y territorios sometidos a distintos poderes.

El encuentro con Kublai Kan
El destino final era la corte de Kublai Kan, nieto de Gengis Kan y fundador de la dinastía Yuan en China. Su dominio se extendía sobre un territorio gigantesco y su capital, Jambaluc, identificada habitualmente con la actual Pekín, se encontraba a miles de kilómetros de Venecia.
Los Polo llegaron finalmente a la corte alrededor de 1275. Marco se encontró entonces ante una sociedad extraordinariamente distinta de la europea. China poseía grandes ciudades, una administración desarrollada, una intensa actividad comercial y sistemas de comunicación que sorprendieron profundamente a los viajeros occidentales.
Marco Polo permaneció durante años en los dominios de Kublai Kan y, según su propio relato, desempeñó distintas misiones para el gobernante, viajó por diferentes regiones y conoció lugares que en Europa eran prácticamente desconocidos.
Su experiencia resulta especialmente llamativa porque Venecia era una potencia comercial del Mediterráneo, mientras que el mundo de Kublai Kan se encontraba en el extremo opuesto de las grandes rutas que conectaban Europa y Asia.

Un viaje que Europa tardaría en olvidar
Los Polo regresaron finalmente a Venecia en 1295, después de más de dos décadas de ausencia.
Marco había pasado buena parte de su vida adulta lejos de su ciudad natal y había conocido territorios que pocos europeos de su época podían describir de primera mano.
Años después, durante su cautiverio en Génova, relató sus experiencias a Rustichello de Pisa. El resultado fue una obra conocida como Il Milione, que difundió por Europa descripciones de las tierras y sociedades que Marco afirmaba haber conocido durante sus viajes.
El relato despertó fascinación y también incredulidad, pues para muchos europeos, las riquezas, ciudades, costumbres y dimensiones de los territorios asiáticos descritos por Marco parecían extraordinarias.
Su obra contribuyó a ampliar la imagen que los europeos tenían de Asia y convirtió a su protagonista en uno de los viajeros medievales más famosos.
El viaje iniciado en 1271 había comenzado como una expedición familiar de comerciantes venecianos, pero terminó convirtiéndose en uno de los relatos de viajes más célebres de la Edad Media y en una de las historias que acercaron a los europeos al inmenso mundo asiático situado más allá de sus fronteras conocidas.








