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La lucha por la expansión y el control territorial entre musulmanes y cristianos en la Península Ibérica

Durante la Edad Media, la lucha por la expansión y el control territorial entre los reinos cristianos y los poderes musulmanes transformó progresivamente el mapa político de la Península Ibérica.

Octubre reúne varios acontecimientos destacados de este proceso, desde la muerte de Sancho III el Mayor y la batalla de Sagrajas hasta las conquistas de Lisboa y Valencia y la batalla del Salado.

En este artículo repasamos algunas de las principales batallas, conquistas y cambios territoriales que marcaron la historia medieval de la Península Ibérica entre los siglos XI y XIV.

Tabla de contenidos
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    Octubre, un mes clave en la lucha por la expansión medieval

    Entre los siglos XI y XIV, los reinos cristianos peninsulares experimentaron una importante expansión territorial: Castilla, Navarra, Aragón y Portugal fueron aumentando su poder mediante campañas militares, acuerdos políticos y conquistas de ciudades estratégicas y al mismo tiempo, los distintos poderes musulmanes de la Península recibieron apoyo de fuerzas procedentes del norte de África.
    A continuación encontraréis algunos de los eventos más destacados, ocurridos en Octubre, que marcaron este proceso que modificó progresivamente el mapa político de la Península Ibérica y tuvo consecuencias duraderas en su organización territorial.

    18 de octubre de 1035 – Muerte de Sancho III el Mayor

    Ilustración de Sancho III el Mayor y sus hijos

    A comienzos del siglo XI, el reino de Pamplona ocupaba una posición destacada entre los territorios cristianos del norte. Sancho III el Mayor había conseguido ampliar su influencia sobre amplios territorios del norte peninsular, muchos de ellos situados actualmente en España, convirtiéndose en uno de los monarcas cristianos con mayor poder de la época, pero su muerte abrió una nueva etapa política.
    El territorio quedó repartido entre sus hijos, siguiendo las disposiciones sucesorias establecidas por el monarca, mas este reparto fragmentó los dominios que había reunido Sancho III y favoreció la configuración de distintos espacios políticos, reforzando el desarrollo de Navarra, Castilla y Aragón, cuyos intereses tendrían una importancia creciente durante los siglos siguientes.

    23 de octubre de 1086 – Batalla de Sagrajas o Zalaca

    Batalla de Sagrajas o Zalaca

    A finales del siglo XI, los avances cristianos habían aumentado la presión sobre los territorios musulmanes y la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 había supuesto un importante cambio estratégico y político, ya que la incorporación de esta importante ciudad a los territorios controlados por los cristianos aumentó la presión sobre los reinos musulmanes de al-Ándalus.
    En ese momento, el territorio musulmán de la Península estaba dividido en pequeños reinos llamados taifas y, ante el avance de los cristianos, sus gobernantes pidieron ayuda a los almorávides, una dinastía musulmana procedente del norte de África que buscaba intervenir en la Península y frenar el avance cristiano. Fue así como las fuerzas dirigidas por Yusuf ibn Tasufín se enfrentaron al ejército de Alfonso VI cerca de Badajoz y consiguieron derrotarlo, una importante victoria musulmana que reforzaba su presencia en la Península y frenaba durante un tiempo la expansión territorial de los cristianos.

    21 de octubre de 1094 – Batalla de Cuarte

    Historia de la Batalla de Cuarte

    Valencia era uno de los enclaves más importantes del Levante peninsular por su situación geográfica, sus recursos y sus conexiones comerciales. Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, había conseguido conquistar la ciudad de Valencia y establecer allí su dominio, pero la conquista cristiana provocó la reacción de los almorávides que buscaba recuperarla por su gran valor estratégico; pero fueron derrotados por las fuerzas del Cid en las proximidades de Cuarte, una localidad cercana a Valencia y la victoria permitió al Cid mantener el control de Valencia durante un tiempo y reforzó su posición en el territorio.

    25 de octubre de 1147 – Conquista de Lisboa

    Conquista de Lisboa, ilustración

    Lisboa se encontraba bajo dominio musulmán y ocupaba una posición estratégica junto al río Tajo, pues su puerto ofrecía acceso al Atlántico y convertía la ciudad en un objetivo fundamental para el avance portugués.
    Alfonso I de Portugal emprendió su conquista con apoyo de cruzados europeos que se dirigían hacia Tierra Santa y después de un largo asedio, la ciudad se rindió. La incorporación de Lisboa fortaleció al reino de Portugal y amplió sus dominios hacia el sur, mientras que la ciudad adquirió posteriormente una importancia política, económica y militar cada vez mayor, especialmente por su relación con las rutas atlánticas.

    9 de octubre de 1238 – Jaime I entra en Valencia

    Entrada de Jaime I en Valencia

    Durante el siglo XIII, la Corona de Aragón desarrolló una intensa expansión territorial.
    Las tierras valencianas ofrecían importantes recursos agrícolas y comerciales y contaban con una posición privilegiada en el Mediterráneo, así que Jaime I avanzó con sus tropas por el territorio hasta conseguir la capitulación de Valencia.
    El monarca realizó su entrada en la ciudad y comenzó una nueva etapa para el territorio valenciano y su incorporación a Aragón, amplió considerablemente los dominios de la Corona y reforzó su presencia mediterránea.
    Además, la conquista también produjo cambios en la administración, la distribución de la población y la organización económica de la región.

    30 de octubre de 1340 – Batalla del Salado

    Ilustración Batalla del Salado

    En el siglo XIV, el reino nazarí de Granada continuaba siendo el principal territorio musulmán de la Península y los benimerines, un pueblo musulmán que había llegado desde el Norte de África, buscaban aumentar su influencia en la zona del Estrecho de Gibraltar y apoyar a Granada. Sin embargo, los ejércitos de Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal se enfrentaron a sus fuerzas cerca de Tarifa, ganando, y la victoria cristiana redujo la capacidad militar de los benimerines y reforzó la posición de Castilla en el Estrecho.
    El control de esta zona tenía una gran importancia para las comunicaciones marítimas.