Cuatro fechas que cambiaron su historia
En el siglo XII, la Corona de Aragón todavía estaba construyendo su posición en la península y al otro lado de los Pirineos, pero durante los dos siglos siguientes su rumbo cambiaría de manera espectacular.
Cuatro acontecimientos permiten seguir esa transformación: la muerte de Alfonso I en 1134, la derrota de Pedro II en Muret en 1213, la conquista de Valencia en 1238 y el nacimiento de Pedro IV en 1319.

La crisis sucesoria que cambió el rumbo de Aragón
El 7 de septiembre de 1134 murió Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona, después de las heridas sufridas en la batalla de Fraga. No tenía hijos y había dejado sus dominios a las órdenes militares en su testamento, una decisión que provocó una grave crisis.
Asimismo, los nobles aragoneses eligieron como sucesor a su hermano Ramiro, que era monje y tuvo que abandonar la vida religiosa para asumir la Corona.
En Pamplona, en cambio, se impuso García Ramírez como rey y aquella sucesión separó nuevamente los destinos de Aragón y Pamplona y obligó a la monarquía aragonesa a buscar nuevas formas de ampliar y consolidar su poder.

Muret cambia el destino de Aragón
Casi ochenta años después el escenario estaba a punto de cambiar de nuevo.
El 12 de septiembre de 1213, Pedro II de Aragón murió en la batalla de Muret, luchando contra las fuerzas dirigidas por Simón de Montfort, enfrentamiento que tuvo lugar al norte de los Pirineos y resultó decisivo para las aspiraciones aragonesas en Occitania.
La derrota acabó con buena parte de la influencia que los monarcas aragoneses habían desarrollado en aquellos territorios, y la Corona tenía que buscar otro camino para crecer. Ese nuevo rumbo conduciría hacia el sur peninsular y hacia el Mediterráneo.
El cambio se hizo visible durante el reinado de Jaime I el Conquistador.
El 28 de septiembre de 1238, después de un largo asedio, Valencia se rindió ante las tropas cristianas, y esa conquista supuso una enorme ampliación territorial para la Corona de Aragón y creó un nuevo espacio político en la península.
Días después, el 9 de octubre, Jaime I entró solemnemente en la ciudad.
Valencia tenía además una posición extraordinaria: su incorporación proporcionó a la Corona un amplio territorio mediterráneo y reforzó sus posibilidades de expansión comercial y militar.
La conquista no terminó ahí: las Baleares también habían quedado incorporadas años antes, convirtiendo a la Corona de Aragón en una potencia cada vez más vinculada al Mediterráneo.

Pedro IV y una Corona poderosa
El 5 de septiembre de 1319 nació en Balaguer Pedro IV de Aragón, conocido como el Ceremonioso, quién, cuando llegó al trono décadas después, heredó una Corona mucho más extensa y compleja que la que había conocido Alfonso I.
Durante su largo reinado tuvo que enfrentarse a importantes conflictos dentro de sus propios territorios y a guerras con otros poderes peninsulares. También consolidó la presencia aragonesa en el Mediterráneo, en una época en la que la Corona contaba con intereses y dominios que iban mucho más allá de Aragón.
Entre 1134 y 1319 habían pasado 185 años y, en ese tiempo, Aragón había atravesado una crisis sucesoria, perdido buena parte de sus aspiraciones al norte de los Pirineos y encontrado nuevas oportunidades de expansión hacia Valencia, las islas y el Mediterráneo.
La historia de la Corona había cambiado de dirección, del corazón de los Pirineos a una potencia con intereses en buena parte del Mediterráneo occidental y fue precisamente esa transformación la que Pedro IV recibió como herencia política.
El monarca no partía de un pequeño reino pirenaico, sino de una Corona formada por territorios con intereses, instituciones y problemas muy diferentes entre sí, cuya cohesión tendría que defender durante uno de los reinados más complejos de la historia de la Corona de Aragón..















