Una palabra que sobrevivió casi dos mil años
La palabra sicario tiene un origen mucho más antiguo de lo que podría parecer, y su etimología está lejos de corresponderse, al menos directamente, a la función con que se les asocia en la actualidad.
Su historia está relacionada con una pequeña espada curva conocida como sica, un arma vinculada a los pueblos de Tracia y Dacia que acabó formando parte del armamento de determinados gladiadores romanos.
Fue siglos después que el nombre de esta arma quedó asociado a los sicarii, un grupo activo en la Judea romana durante el siglo I d. C. al que las fuentes antiguas relacionan con asesinatos realizados mediante armas cortas que podían ocultarse entre la ropa; así pues, la conexión entre una espada antigua y una palabra que todavía utilizamos resulta inquietante, pero para entenderla hay que retroceder hasta el mundo de los guerreros tracios.

La espada curva que llamó la atención de Roma
La sica era una espada de hoja curva hacia el interior, cuyo origen se relaciona con las tradiciones armamentísticas de los pueblos tracios y dacios, en regiones de los Balcanes, donde las armas curvas tuvieron una presencia destacada.
Frente a una espada recta, la curvatura ofrecía un recorrido diferente durante el combate cuerpo a cuerpo, el filo podía buscar zonas situadas alrededor del escudo y alcanzar puntos que una defensa frontal protegía con mayor facilidad.
Los restos arqueológicos muestran que existieron diferentes tamaños y formas, algunas piezas eran relativamente cortas, mientras que otras presentaban hojas más largas y una curvatura marcada.

El gladiador que combatía con una sica
La sica encontró un nuevo escenario en las arenas romanas cuando el gladiador conocido como Thraex, inspirado en la imagen del guerrero tracio, utilizaba una sica junto con un escudo pequeño y protecciones destinadas a cubrir distintas partes del cuerpo.
Su forma de combatir dependía en buena medida de las características de aquella hoja, mientras el escudo reducido ofrecía menos cobertura que otros utilizados por gladiadores pero le concedía mayor movilidad, la sica le permitía buscar ataques desde trayectorias diferentes.
Para los espectadores de los anfiteatros, el arma aportaba una imagen fácilmente reconocible: una hoja curva asociada a los guerreros balcanos.

Judea, siglo I: cuando la sica adquirió un significado siniestro
Pero más allá de guerreros y el propio Coliseo, la palabra que acabaría dejando una huella mucho mayor apareció en otro contexto: durante el siglo I d. C., Judea se encontraba bajo dominio romano y atravesaba una etapa de fuertes tensiones políticas y religiosas; en ese escenario aparecen los sicarii, mencionados por autores antiguos como Flavio Josefo.
El término procede del latín sicarius, relacionado con el arma que usaban, la sica. Las fuentes describen a estos individuos como personas que empleaban pequeñas armas ocultas para atacar a sus objetivos, incluso en lugares concurridos, dando como resultado una imagen especialmente perturbadora: un atacante podía acercarse entre la multitud, con un arma oculta bajo la ropa, atacar, volver a ocultarla y desaparecer aprovechando la confusión.
Aquí, la antigua espada curva adquirió una asociación completamente distinta, su nombre pasó del mundo del armamento al vocabulario relacionado con el asesinato a sueldo.

Una pequeña hoja curva terminó dejando una huella enorme en el lenguaje.
La espada desapareció del campo de batalla, y, con el tiempo, también perdió gran parte de su utilidad posterior, pero su nombre consiguió algo mucho más difícil: sobrevivir.
El término latino sicarius acabó dando origen a «sicario», una palabra que hoy posee un significado mucho más amplio y que se emplea para designar a una persona contratada para cometer un asesinato. Así, cada vez que pronunciamos «sicario», utilizamos una palabra cuyo origen se encuentra ligado al nombre de un arma de la Antigüedad, cuyo origen está situado casi veinte siglos en el pasado y detrás de la cual quedan guerreros tracios, gladiadores romanos y una época marcada por las luchas de poder en Judea.















