Conflictos y cambios territoriales durante las Cruzadas
Durante los siglos XII y XIII, las Cruzadas estuvieron relacionadas con las guerras entre los reinos cristianos y los poderes musulmanes de Oriente y de la Península Ibérica pues las campañas cambiaron el control de ciudades y fortalezas, y afectaron a la organización política de estas regiones.
Conquista de Lisboa durante la Segunda Cruzada

Lisboa estaba bajo dominio musulmán cuando Alfonso I de Portugal decidió conquistarla para ampliar sus territorios hacia el sur y la llegada de varios grupos de cruzados procedentes del norte de Europa le proporcionó la ayuda militar que necesitaba para organizar un ataque de mayor envergadura.
Aquellos cruzados se dirigían hacia Tierra Santa, pero aceptaron participar en la campaña portuguesa después de llegar a las costas de la península, de modo que el ejército formado por portugueses y cruzados rodeó Lisboa y mantuvo el asedio durante varios meses, mientras los defensores quedaban aislados y sufrían dificultades para recibir alimentos y refuerzos.
Finalmente, el 25 de octubre de 1147, la ciudad se rindió y pasó a formar parte del Reino de Portugal, cuya posición en la costa quedó reforzada y cuya expansión hacia el sur encontró en Lisboa una base militar y económica de gran importancia.
Ocupación de Jerusalén por Saladino

En 1187, el Reino de Jerusalén sufrió una grave derrota frente al ejército de Saladino en la batalla de Hattin, tras la cual las fuerzas musulmanas ocuparon varias ciudades y avanzaron hacia Jerusalén, que seguía bajo control cristiano desde su conquista durante la Primera Cruzada.
El ejército de Saladino llegó ante las murallas el 20 de septiembre, mientras la defensa de la ciudad quedaba en manos de Balián de Ibelín, quien reunió a los hombres disponibles y organizó la resistencia ante un ejército que contaba con una fuerza superior.
Los ataques continuaron hasta que las tropas de Saladino consiguieron abrir una brecha en las murallas, por lo que los defensores comprendieron que mantener la ciudad mediante la lucha resultaría muy difícil y comenzaron las negociaciones para acordar su rendición, hasta que el 2 de octubre, Jerusalén capituló y terminó el dominio cristiano que había comenzado en 1099, aunque la población no fue expulsada en su totalidad y se establecieron condiciones para permitir la salida de quienes pudieran pagar los rescates exigidos.
El 4 de octubre comenzó la entrega efectiva de la ciudad, durante la cual los defensores, miembros de las órdenes militares y parte de la población cristiana abandonaron Jerusalén siguiendo las condiciones acordadas con Saladino, mientras otros habitantes permanecieron bajo el nuevo gobierno.
Saladino reorganizó la administración de la ciudad y estableció de nuevo el dominio musulmán, mientras los cruzados conservaron algunas posiciones en la costa.
La pérdida de Jerusalén provocó una fuerte reacción en Europa y contribuyó a la convocatoria de la Tercera Cruzada, en la que participaron monarcas como Ricardo Corazón de León y Felipe II de Francia.
Ricardo de Cornualles llega a Acre durante la Cruzada de los Barones

Los Estados cruzados necesitaban nuevos refuerzos porque habían perdido buena parte de los territorios que habían controlado durante las primeras Cruzadas, por lo que Ricardo de Cornualles, hermano del rey Enrique III de Inglaterra, dirigió una expedición hacia Tierra Santa para apoyar las posiciones que todavía permanecían bajo dominio cristiano.
Ricardo llegó a Acre en octubre de 1240 y, en lugar de buscar una gran batalla, utilizó negociaciones con varios gobernantes musulmanes para conseguir acuerdos que permitieran recuperar algunas posiciones y mejorar la situación de los territorios cruzados.
Durante la campaña también se impulsó la reconstrucción de las fortificaciones de Ascalón, una ciudad costera de gran importancia para la defensa de la región, mientras los templarios continuaban participando en la protección de fortalezas y territorios junto con otras fuerzas militares cristianas.
Los acuerdos alcanzados por Ricardo permitieron recuperar algunas posiciones sin una campaña militar prolongada, aunque Jerusalén permaneció bajo control musulmán y los Estados cruzados continuaron necesitando apoyo procedente de Europa.








