Siete combates, siete giros decisivos
Las siguientes siete batallas muestran cómo un solo día podía cambiar el rumbo de un reino, una guerra o incluso de una civilización: Atenas resistió a Persia, Roma encontró un nuevo dueño, Escocia ganó fuerza frente a Inglaterra y los otomanos avanzaron hacia Europa mientras Moscú comenzaba a desafiar el poder mongol.

12 de septiembre de 490 a. C. — Batalla de Maratón
Este día, el Imperio persa intentó castigar a Atenas por su apoyo a las ciudades griegas que se habían rebelado en su contra, pero los atenienses, dirigidos por Milcíades, se enfrentaron a las tropas persas en la llanura de Maratón y lograron una sorprendente victoria.
La derrota obligó a los persas a retirarse y permitió a Atenas conservar su independencia.
La fecha del 12 de septiembre es la tradicionalmente aceptada, aunque la fecha exacta continúa siendo discutida.
29 de septiembre de 480 a. C. — Batalla de Salamina
Tras la invasión persa de Grecia, el rey Jerjes I había conseguido ocupar Atenas y parecía tener una enorme ventaja: los griegos decidieron enfrentarse a la poderosa flota persa en las aguas estrechas de Salamina. Allí, las maniobras de los barcos griegos provocaron una gran derrota persa.
La victoria obligó a Jerjes a retirar buena parte de sus fuerzas y cambió el rumbo de las Guerras Médicas.

2 de septiembre de 31 a. C. — Batalla de Accio
Roma estaba dividida entre Octavio, futuro emperador Augusto, y la alianza formada por Marco Antonio y Cleopatra, y fue este día cuando ambos bandos finalmente se enfrentaron frente a las costas de Grecia en una batalla naval decisiva.
La flota de Octavio obtuvo la victoria y Antonio y Cleopatra huyeron hacia Egipto, y su derrota dejó a Octavio como dueño indiscutible del poder romano y abrió el camino hacia el nacimiento del Imperio romano.
11 de septiembre de 1297 — Batalla del puente de Stirling
Escocia luchaba contra el dominio del rey inglés Eduardo I, el ejército inglés cruzó el río Forth por el puente de Stirling para enfrentarse a las fuerzas escocesas dirigidas por William Wallace y Andrew Moray.
Los escoceses esperaron a que una parte importante de las tropas inglesas hubiera cruzado y atacaron en el momento más favorable, Inglaterra sufrió una derrota contundente y Escocia consiguió una de sus mayores victorias durante las guerras de independencia.
19 de septiembre de 1356 — Batalla de Poitiers
Durante la Guerra de los Cien Años, el ejército inglés, dirigido por el Príncipe Negro, se enfrentó a las fuerzas del rey francés Juan II, hasta que los ingleses aunque inferiores en número, aprovecharon su posición defensiva y derrotaron al ejército francés.
En el día mencionado, Juan II fue capturado y llevado a Inglaterra.
La derrota debilitó gravemente a la monarquía francesa y provocó una profunda crisis política y económica en Francia.

26 de septiembre de 1371 — Batalla de Maritsa
Los otomanos avanzaban por los Balcanes, mientras varios gobernantes cristianos intentaban detener su expansión.
Este día un ejército serbio se enfrentó a una fuerza otomana mucho menor cerca del río Maritsa, pero los otomanos atacaron durante la noche y destruyeron gran parte del ejército enemigo. La victoria facilitó enormemente la expansión otomana por los Balcanes y aumentó su influencia sobre los territorios serbios.
8 de septiembre de 1380 — Batalla de Kulikovo
El principado de Moscú se enfrentó, ese día, a un ejército relacionado con la Horda de Oro, el gran poder mongol que dominaba buena parte de Rusia.
El príncipe Dmitri Donskói reunió un importante ejército y derrotó a las fuerzas dirigidas por Mamái en el campo de Kulikovo. La victoria fortaleció enormemente la posición de Moscú y se convirtió en un símbolo de la resistencia de los principados rusos frente al dominio de la Horda, sin embargo, no supuso el final inmediato de ese dominio: la dependencia de Moscú continuaría durante décadas.







