Ilustración de un relicario con restos y el título del artículo en la parte superior

Reliquias insólitas de la Edad Media: cabezas, manos y otros objetos sagrados

Conoce algunas de las reliquias más particulares de la Edad Media.

Reliquias religiosas que iban más allá de lo simbólico y material.

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    Extrañas reliquias religiosas

    En la Edad Media había iglesias capaces de atraer peregrinos de lugares muy lejanos gracias a algo que hoy puede resultar bastante extraño: huesos, manos, cráneos o pequeños fragmentos relacionados con un santo. Estas reliquias eran objetos de veneración y se creía que mantenían un vínculo especial con la persona santa a la que pertenecían.

    Lo más curioso es que algunas iglesias querían conseguir determinadas reliquias a cualquier precio, otras discutían sobre su autenticidad y algunas llegaron incluso a robarlas.

    Cabezas, manos y huesos de santos

    Los restos de los santos podían dividirse y conservarse en distintos lugares, por ello había reliquias de cuerpos enteros, pero también cráneos, brazos, manos, dedos, dientes y otros fragmentos.

    No se trataba de algo excepcional: durante la Edad Media se desarrollaron incluso relicarios diseñados específicamente para contener una parte concreta del cuerpo. El resultado podía ser sorprendente.

    Uno de los ejemplos conservados en el Metropolitan Museum es un relicario del siglo XIII realizado con forma de brazo y decorado con plata, esmaltes y piedras, en cuyo interior se conservaba una reliquia asociada al brazo de un santo.

    También había relicarios con forma de cabeza, como el de San Yrieix, realizado en Francia hacia 1220-1240, que conservaba el cráneo del santo y estaba concebido como una representación de su rostro.

    En determinadas festividades, este tipo de relicarios podía salir en procesión por las calles.

    Mano de San Marcos

    Los relicarios podían ser casi tan impresionante como las reliquias

    Una pequeña reliquia podía guardarse dentro de una pieza extraordinariamente rica: oro, plata, marfil, esmaltes, piedras preciosas y cristal se empleaban para fabricar relicarios destinados a proteger y mostrar los restos sagrados.

    En ocasiones, el propio recipiente imitaba la parte del cuerpo de la que provenía su contenido: una mano para una reliquia de la mano, un brazo para un hueso del brazo o una cabeza para un cráneo; así, el objeto sagrado quedaba oculto dentro de una representación que permitía identificarlo de inmediato.

    ¿Y si dos iglesias tenían la misma reliquia?

    Aquí aparece uno de los problemas más curiosos: la enorme importancia concedida a las reliquias provocó que varias iglesias quisieran poseer piezas relacionadas con santos especialmente venerados; el resultado fueron reclamaciones enfrentadas, duplicaciones y dudas sobre la procedencia de algunos restos.

    La situación llegó a tal punto que hubo reliquias que fueron robadas de una iglesia para acabar en otra.

    Entre los casos famosos se encuentran las reliquias de san Marcos, trasladadas a Venecia; las de san Nicolás, llevadas a Bari; o las de santa Fe, que terminaron en Conques.

    Para una iglesia medieval, conseguir una reliquia prestigiosa podía suponer un enorme beneficio, pues el santuario podía convertirse en destino de peregrinación y aumentar su importancia dentro de la comunidad religiosa.

    Huesos en exposición

    Reliquias de Cristo

    Las reliquias relacionadas con Cristo ocupaban un lugar especialmente importante, sin embargo, existía una dificultad evidente: según la creencia cristiana en la resurrección y la ascensión de Cristo, no resultaba sencillo justificar la existencia de restos corporales suyos, por eso fueron especialmente valorados los objetos que se consideraban relacionados con su vida y la Pasión.

    Entre ellos estaban fragmentos atribuidos a la Vera Cruz o piezas de ropa.

    También aparecieron atribuciones mucho más insólitas, por ejemplo, el Metropolitan Museum menciona, entre las raras excepciones vinculadas a Cristo y la Virgen, supuestos dientes de leche de Jesús y leche de la Virgen.

    Peregrinos, milagros y dinero

    Las reliquias tenían también una dimensión económica, los grandes santuarios recibían peregrinos y alrededor de ellos surgían actividades relacionadas con las visitas, desde alojamiento y comercio hasta recuerdos vinculados al lugar.

    En los centros de peregrinación se vendían pequeñas insignias que servían como recuerdo del viaje y su venta podía convertirse en una fuente importante de ingresos para las instituciones religiosas. Algunas estaban asociadas a santuarios concretos y funcionaban como prueba de que el peregrino había visitado aquel lugar.

    Así, detrás de estas reliquias, había peregrinos, prestigio, riqueza, rivalidades entre iglesias y una pregunta que todavía resulta fascinante: ¿cuántas de aquellas reliquias eran realmente auténticas?