Representación de Wamba con Toledo de fondo y el título del artículo en la parte superior

Wamba, el último gran rey de Toledo

Wamba fue uno de los últimos grandes reyes del reino visigodo de Toledo.
Elegido en el año 672, tuvo que hacer frente a rebeliones, campañas militares y amenazas exteriores mientras intentaba reforzar la autoridad de la Corona.
Su enfrentamiento con Paulo, la ley militar del 673 y su relación con la Iglesia marcaron un reinado intenso que terminó de forma inesperada en el 680, pocos años antes de la conquista musulmana.

Índice
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    Una corona puesta a prueba desde el inicio

    El 1 de septiembre del año 672, la muerte de Recesvinto dejó vacante el trono visigodo, fue entonces que los principales hombres del reino eligieron a Wamba, un alto dignatario de la corte, para sucederle. La elección se produjo en Gérticos, donde había fallecido el monarca, e inmediatamente Wamba marchó a Toledo, donde fue ungido rey.
    Comenzaba así uno de los reinados más intensos de la última etapa del reino visigodo de Toledo.

    Wamba heredó un territorio extenso y una estructura política en la que los grandes aristócratas ejercían una notable influencia. Apenas iniciado su reinado tuvo que enfrentarse a los vascones y solo tras varios días de campaña, estos solicitaron la paz y entregaron rehenes y tributos.

    Resuelto aquel conflicto, el monarca continuó hacia la Septimania, donde había estallado un levantamiento en Nimes dirigido por el conde Ilderico, con el apoyo del obispo Gumildo y del abad Ranimiro. Wamba envió al duque Paulo para sofocarlo, pero este cambió de bando, se puso al frente de los rebeldes y se proclamó rey, extendiendo su dominio por la Septimania y parte de la Tarraconense.
    Wamba emprendió entonces él mismo una campaña que le llevó por Barcelona, Gerona y Narbona hasta Nimes, donde derrotó y capturó a Paulo y a sus principales colaboradores. Esa victoria en el año 673 acabó con la sublevación y se convirtió en el mayor triunfo militar de su reinado.

    Poco después, Wamba tuvo que hacer frente a una incursión musulmana por mar. Una flota llegó a las costas del reino, pero las fuerzas visigodas lograron interceptarla y derrotarla; esta victoria naval en el 674 mostró que la defensa del reino también podía librarse en el Mediterráneo.

    Rostro de Wamba tallado en piedra

    Un reino bajo mayor control

    La rebelión de Paulo puso de manifiesto las dificultades para movilizar con rapidez a las fuerzas del reino.
    En el 673, Wamba respondió con una ley militar que obligaba a quienes estaban sujetos al servicio de armas a acudir cuando el territorio estuviera amenazado por una rebelión o un enemigo exterior. El incumplimiento podía acarrear graves sanciones, especialmente para los grandes propietarios y miembros de la aristocracia.

    En el 675, reunió el XI Concilio de Toledo, donde se abordaron asuntos relacionados con la disciplina de la Iglesia y se adoptaron medidas para reforzar el orden dentro de ella.
    También se establecieron controles sobre determinadas actuaciones de los obispos y se trataron cuestiones relacionadas con sus bienes y responsabilidades.
    El concilio muestra hasta qué punto el gobierno del reino estaba estrechamente ligado a las decisiones de la Iglesia.

    Ilustración de la enfermedad de Wamba

    El extraño final de un reinado

    En el 680, el monarca cayó gravemente enfermo y quienes lo rodeaban pensaron que estaba a punto de morir, así que, siguiendo las costumbres de la época acorde a quien se preparaba para una muerte cercana, le cortaron el cabello como señal de que abandonaba la vida de rey y lo vistieron con ropa de monje. Pero, contra todo pronóstico, se recuperó, sin embargo, ya no podía volver al trono: mientras estaba enfermo había renunciado de hecho a su condición de monarca y Ervigio había ocupado la Corona.

    Habían transcurrido ocho años desde aquella elección del 1 de septiembre de 672. Durante ese tiempo, el monarca había combatido en distintos frentes, derrotado una de las rebeliones más graves de la etapa final visigoda, reforzado las obligaciones militares y participado activamente en los asuntos de la Iglesia.
    Después de su caída, se retiró a un monasterio y permaneció alejado del poder.

    En el 711, apenas tres décadas después, la conquista musulmana puso fin al reino visigodo y el recuerdo de aquel monarca quedó ligado a uno de los últimos periodos en los que Toledo todavía podía reunir ejércitos, recuperar territorios y hacer frente a grandes rebeliones, junto al interrogante de si algo habría sido diferente de haber continuado en el poder en aquel entonces...