La idea de “traición” en la historia de España depende del contexto político de cada época, pero en todos los casos hay un elemento común: decisiones que perjudicaron al Estado, al territorio o a su población en beneficio propio o de potencias extranjeras.
A continuación una lista con quienes fueron considerados "los peores traidores de España".
Bellido Dolfos (siglo XI)

Las crónicas medievales relatan que en 1072 asesinó al rey Sancho II de Castilla durante el asedio de Zamora.
Tras ganarse su confianza, lo mató por la espalda y huyó a la ciudad.
Su acto permitió mantener la resistencia de Zamora frente al rey castellano.
Se considera traición porque engañó al monarca y lo asesinó aprovechando su cercanía.
Juan Pacheco (1419–1474)

Durante el reinado de Enrique IV de Castilla, manipuló al monarca para controlar el poder y participó en la Farsa de Ávila (1465), donde se intentó destronarlo simbólicamente.
Además, negoció con Portugal y Aragón para fortalecer su posición personal.
Su traición radica en que provocó inestabilidad política deliberada y conspiró con potencias externas para beneficio propio.
Gonzalo Guerrero (1470–1536)

Tras naufragar en Yucatán en 1511, fue capturado por los mayas y con el tiempo se integró completamente en su sociedad: adoptó sus costumbres, se tatuó, se casó y tuvo hijos, llegando a ser reconocido como jefe militar.
Cuando Hernán Cortés llegó en 1519 y le ofreció regresar, Guerrero se negó. No solo permaneció con los mayas, sino que participó en la defensa armada contra los españoles, utilizando su conocimiento militar europeo para combatirlos.
Su caso se considera, por muchos, una traición clara a la Corona española porque renunció a su origen y luchó activamente contra el ejército español, convirtiéndose en enemigo de la Corona mientras pretendía mantenerse leal a su nueva familia, a los vínculos personales que había establecido, y a la nueva forma de vida que había asumido entre los mayas.
Francisco de Carvajal (1470–1548)

Durante las rebeliones en Perú, se unió a Gonzalo Pizarro contra las órdenes de Carlos I de España.
El conflicto surgió por las Leyes Nuevas, que limitaban el poder de los colonos españoles en América.
Carvajal participó en la lucha contra las fuerzas enviadas por el rey para hacer cumplir esas normas.
Su traición consiste en haberse enfrentado militarmente al ejército real para mantener el control y los privilegios de los españoles en América que controlaban tierras y mano de obra indígena.
Lope de Aguirre (1510–1561)

Durante una expedición autorizada para buscar El Dorado (1560–1561), se rebeló contra la autoridad española, participó en el asesinato de su comandante y tomó el control del grupo. Posteriormente abandonó la misión y se declaró en rebeldía contra la Corona.
Llegó a escribir una carta a Felipe II proclamándose su enemigo.
Su traición es clara: se levantó en armas contra el rey e intentó actuar al margen del poder de la Corona española, desafiando abiertamente su autoridad.
Antonio Pérez (1540–1611)

Secretario de Felipe II, estuvo implicado en el asesinato de Juan de Escobedo (1578) por intrigas políticas.
Tras caer en desgracia, huyó a Aragón y luego a Francia e Inglaterra, donde reveló información confidencial del gobierno español y publicó escritos en los que atacaba directamente a la monarquía, proporcionando argumentos a sus enemigos. Estos textos contribuyeron a la llamada Leyenda Negra, un conjunto de relatos y propaganda difundidos en Europa que presentaban a España como un poder especialmente cruel, fanático y opresor.
Su traición consiste en haber entregado información y relatos perjudiciales a potencias rivales.
Francisco de Sandoval y Rojas (1553–1625)

Fue el principal hombre de confianza de Felipe III y quien controló gran parte del gobierno entre 1598 y 1618. Aprovechó su posición para enriquecerse de forma sistemática.
El caso más claro fue el traslado de la corte de Madrid a Valladolid (1601–1606): compró propiedades allí antes del cambio y las vendió después a precios mucho más altos.
Además, vendió cargos públicos y manipuló decisiones políticas, debilitando la economía del reino.
Su traición es clara: utilizó el poder para su beneficio personal en lugar de servir al Estado
Pau Claris (1586–1641)

En 1641, durante la Sublevación de Cataluña, proclamó la República Catalana bajo protección de Francia y reconoció a Luis XIII de Francia como soberano.
Esto significó que entregó el control político y militar del territorio catalán a una potencia extranjera en plena guerra, debilitando a la monarquía hispánica en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.
Fernando VII (1784–1833)

En 1808, durante las Abdicaciones de Bayona, cedió la corona española a Napoleón Bonaparte, lo que permitió la ocupación francesa y desencadenó la Guerra de la Independencia (1808–1814).
Su traición no acaba ahí: cuando regresó al trono en 1814, abolió la Constitución de Cádiz de 1812 y persiguió, encarceló o ejecutó a los liberales que habían luchado contra los franceses en su nombre.
Es decir, entregó el país al invasor y luego castigó a quienes lo defendieron.


